Gale Racer (Sega Saturn)


Los juegos de carreras a mediados de los 90 eran una buena manera de atraer miradas, no había nada más espectacular que unos gráficos vistosos fluyendo a toda velocidad. PlayStation se agenció rápidamente su arcade por excelencia, una versión francamente buena de Ridge Racer, alucinante en mi opinión. Saturn necesitaba con urgencia juegos, juegos de cualquier clase, así que SEGA recuperó el viejo Gale Racer de la placa System 32 y lo trasladó a su nueva consola.

Hay varias formas de ver este juego según el tipo de persona que seas. ¿Conocías la recreativa de 1991? Si es así, seguro que la existencia de una versión doméstica te emocionó. Si por el contrario, es la primera vez que escuchas su nombre, probablemente ya seas un adulto que no está para tonterías, te dará igual su aspecto y solamente querrás saber si es divertido. Por desgracia, como juego lanzado días después de Saturn, no estaba a la altura de las circunstancias y, hasta me atrevería a decir, que no daba buena imagen. ¿Entendían el gran público y la prensa que esto solamente era un aperitivo? ¿Sabían que no era más que una conversión de un clásico de los salones recreativos? Muchos no. Lo que sí sabían era que Playstation tenía un formidable Ridge Racer y... Saturn solamente tenía esto, más la promesa de Daytona USA, aún a varios meses de distancia.

Si la revista Mean Machines, afín a SEGA, se atrevía con disparates tan grandes como afirmar que Gale Racer de Saturn sería "terrible para los estándares de Mega Drive e injugable para los de Master System", ¿qué pensaría el resto del mundo de un juego como éste? Despreciaron todos sus apartados como alguien sin conocimientos ni pasión por su trabajo, tal cual harían muchos jóvenes de hoy (no todos) con los clásicos de los 80. Por suerte o por desgracia, esta versión doméstica finalmente no llegó a salir de Japón, así que en el resto del mundo nos perdimos un decente heredero de OutRun al que le habrían llovido millones de críticas: cometió el terrible pecado de no ser en 3D. Como otros tantos de su tiempo, recurría a un inteligente escalado de sprites para generar la ilusión de tridimensionalidad, técnica que en ese punto crucial en la historia de los videojuegos, se veía como anticuada debido a la potencia de las nuevas consolas y la obsesión que ya había comenzado por los polígonos.



Las diferencias principales entre el Gale Racer de System 32 y el de Saturn, eran la tasa de fotogramas por segundo y la distancia de dibujado del escenario, ambos aspectos reducidos en la versión para consola. Sin embargo, en líneas generales la conversión no era ni mucho menos un desastre, ni tampoco es el juego abominable y calamitoso que los graciosos de siempre usarán para ensañarse con Saturn. Simplemente es un videojuego fuera de lugar, que tenía todo el sentido del mundo cuando llegó a los salones recreativos, pero en diciembre de 1994 sabía a poco, las consolas habían dado un salto tecnológico demasiado grande, el público quería experiencias cercanas a Daytona USA. Probablemente, Gale Racer sólo llegó a Saturn por el vacío inicial de juegos, otra más de las apresuradas maniobras de SEGA durante aquellos días. Al año siguiente, cuando la consola llegó a occidente, ni se molestaron en publicarlo, no existen más versiones que la japonesa.

Conociendo sus orígenes, el aspecto gráfico de Gale Racer nunca me ha disgustado. En Saturn, se sustituyeron los sprites de los vehículos rivales por verdaderos coches tridimensionales. Hay algunos detalles, exactamente pequeños defectos gráficos, que me hacen cuestionar si no se añadieron también otros elementos 3D, pero es algo que no he podido discernir por mi cuenta, en principio todo parecen sprites escalados como en la recreativa, salvo los vehículos rivales. Hay otros cambios menores pero nada a destacar.

Estamos no solo en la era de los polígonos, las secuencias de vídeo que muchos conocimos con Mega-CD siguen apasionando, no para jugar sobre ellas pero sí como acompañamiento. Se volvió una costumbre, montones de juegos recurrían a una secuencia de vídeo para abrir boca, aunque fuera totalmente estúpido o las imágenes no tuvieran ni un remoto parecido con lo que venía a continuación. En la introducción de Gale Racer, nos cuentan que por nuestras hazañas y temeridad al volante nos invitan a una carrera ilegal cruzando Estados Unidos desde Los Angeles hasta Nueva York. Diferente contexto (no tan idílico) pero misma premisa de disfrutar de un largo viaje conduciendo, muy similar al desarrollo de OutRun.



Ese disfrute al volante es algo que SEGA siempre ha sabido transmitir en sus videojuegos de carreras, son mucho más que una competición de velocidad, te lo pasarías igual de bien llegando en última posición. Cada zona tiene asignada su propio decorado, franja horaria y clima, incluyendo tareas habituales para cualquier conductor, como encender los faros del vehículo en los niveles nocturnos, y activar el limpiaparabrisas cuando las condiciones atmosféricas dificultan visibilidad. Variedad y detalles que refuerzan la sensación de cruzar Estados Unidos de un extremo a otro, ilusión que sólo se interrumpe momentáneamente por unas brevísimas pausas para cargar el siguiente tramo. Ojalá no estuvieran ahí, pero son tan cortas que no estropean el ritmo, unos 3 ó 4 segundos aproximadamente, nada más. Conducir por carretera supone no solo encontrar rivales, también el tráfico habitual, aunque unos y otros aparezcan siempre en los mismos puntos; parece más bien una carrera de obstáculos.

En mi opinión, Gale Racer es un juego muy disfrutable (no tanto como la increíble recreativa original), con una banda sonora pegadiza y más largo que un arcade habitual. Si lo hubieran lanzado un tiempo después bajo el sello SEGA AGES (como hicieron con Power Drift, por ejemplo), la percepción general podría haber sido completamente distinta. Sí, sería repudiado por la clase de jugador que no entiende el pasado, pero nunca hubiera coincidido con Rige Racer. En ese momento, con un público y prensa tan críticos empeñados en compararlo todo, casi era mejor no tener un juego de carreras en Saturn que tener, por duro que suene, el controvertido Gale Racer. Años antes cualquier chaval habría saltado del asiento con sus momentazos, sus épicos subidones musicales, correr por las vías del tren, el miedo de caer por el acantilado y su loco final, pero a finales de 1994 la mentalidad del jugador había cambiado, se buscaba la inmersión de lo tridimensional.

Pero, como no hay mal que por bien no venga, a mí me encanta y lo recomiendo, simplemente no esperéis una obra maestra. Y no, no voy a contar la anécdota sobre Sonic que todo el mundo conoce. Bueno, ahí tenéis a Sonic, colgado del retrovisor. Quien quiera saber más, que indague.

Publicado el 30 de diciembre de 2017