¿Cuidan de su legado las compañías de videojuegos?


Videojuegos, crecimos con ellos y ellos con nosotros, no eran una moda pasajera sino un nuevo fenómeno cultural tan grande, que hasta el más reacio tuvo que aceptarlo. Qué os voy a contar, también la prensa más venenosa y alarmista se rindió; eso sí, después de haber asociado durante más de una década cada caso de fracaso escolar y crimen juvenil al uso de videojuegos. Ya forman parte de nuestra vida, nos divierten y emocionan con sus retos, aventuras e historias, incluso en alguna ocasión me han llegado a transmitir mensajes de reflexión interior. Además, jugar es algo completamente natural, sin distinciones de edad.

Pero tal vez sea éste el problema, seguir viéndolos como un juguete para distraernos durante un rato, no poder todavía desarrollar una conversación en la que aparezcan juntas las palabras “videojuegos” y “arte” sin que alguien se mofe de nosotros.

En cualquier caso, para mí uno de los puntos más importantes sería conocer qué sienten al respecto grandes compañías y desarrolladoras. ¿Son conscientes de lo que han creado? ¿conocen y valoran su obra? ¿entienden su significado para nosotros? ¿o sólo nos están vendiendo cuantos más juguetes mejor? Juguetes con fecha de caducidad, ese es el problema de las consolas, el gran inconveniente de haber creado experiencias tan hermosas en sistemas que son reemplazados cada pocos años. Es doloroso ver desaparecer una máquina tras otra, y junto a ella, claro, todo su catálogo, su legado: cuántas historias, aventuras y sorpresas perdidas para siempre, cuántos lugares que nunca podremos visitar si no actuamos a tiempo; una tragedia.

Dejando a un lado bazares digitales donde la oferta es aún mayor, miles y miles de libros de distintas décadas están disponibles para su lectura en cualquier librería o biblioteca, y si hablamos de películas, en 2017 el Blu-Ray sigue conviviendo con el muy entrado en años DVD. ¿Por qué con los videojuegos no sucede lo mismo? Bueno, la respuesta es evidente, los juegos de consola se lanzan en sistemas cerrados en los que solamente negociando con la compañía madre se llega a acuerdos de publicación, y dichos sistemas mueren (comercialmente hablando) a los pocos años porque la tecnología avanza tan rápido, tan alocadamente rápido, que los gráficos, conceptos y mecánicas de años pasados, pronto se perciben -erróneamente- como anticuados. Y así, antes de que te des cuenta, antes de que hayas podido jugar a todo lo que tu consola ofrece, se inicia una epidemia llamada next-gen: el software para tu sistema desaparece de las tiendas, sólo sobreviven al apocalipsis varios juegos de Nintendo de hace cinco o seis años (¡ejem! al mismo precio de hace cinco o seis años), el Zumba Tarumba Special Edition y el Just Dance. No quedan más opciones que convertirte en jugador de segunda (bienvenido al club de la segunda mano, no te avergüences) o comprar una nueva consola.

Por la manera que está montada esta industria y los hábitos de consumo del gran público (colleja a todo el que reserve videojuegos sin referencias sobre su calidad), da la impresión que un título con dos o tres años a sus espaldas ya se considera viejo y, en ocasiones, ese disco compacto metido en una baratísima caja de plástico del que se podrían producir muchísimas unidades más, es hasta raro de encontrar. Si el consumidor mayoritario no le otorga valor al videojuego, si lo considera una vía más de camuflar sus problemas diarios y apaciguar su ansiedad como quien le suministra porquería a su organismo, es responsabilidad de los grandes creadores (no de entusiastas y locos como yo) destacar todo el valor artístico y conceptual ahí depositado. Porque si a nadie en su sano juicio se le ocurre replantearse si el cine es arte después de ver Transformers, tal vez deberíamos tomarnos más completamente en serio al videojuego, aceptarlo como una forma de expresión más cuyo lenguaje es capaz de disparar la emoción humana. ¿No merece la pena tratar de preservarlo?

No voy a enumerar el sinfín de razones por las que no me gusta coleccionar (sé que cada uno hace lo que quiere con su tiempo y dinero, lo respeto), pero si dedicase una habitación de casa a almacenar varios miles de juegos, ¿después qué? Siendo mi principal propósito la preservación y acceso futuro a ese contenido, vería que mi esfuerzo es totalmente infructuoso: sólo yo podría aprovechar dicha colección. Entonces, ¿la dono a un museo donde se mira pero no se toca? Mismo problema, porque el videojuego no es una actividad pasiva de observación o escucha; consiste en un conjunto de estímulos diferentes que se sienten en su plenitud al ser partícipe de él. Sé que no son las palabras que Nintendo, Sega, Konami, Capcom y un largo etcétera quieren escuchar, pero durante los últimos 20 años podría decirse que la emulación, que no entiende de fines comerciales, licencias y burocracia, ha hecho más que nadie por la conservación del videojuego clásico, al rescate de muchas obras perdidas en el agujero negro del olvido.

Es difícil darle a los videojuegos un sentido superior habiendo tantas trabas y prejuicios, conseguir ver más allá de su aportación lúdica, si sus propios creadores tampoco han sabido dar ejemplo. Volvemos a la idea de ese juguete anticuado que pasa de moda, ¿para qué guardarlo si hay algo mejor? No quiero decir que todas las desarrolladoras hayan sido negligentes, pero no son pocas las que perdieron sus trabajos originales, traspapelando o eliminando código fuente en cierres forzados de oficinas y mudanzas despreocupadas, una historia repetida mil veces. Uno de los casos más dolorosos para mí es Panzer Dragoon Saga, el que fuera la gran aventura de mi vida, un RPG de Saturn que vendí hace muchos años por necesidad. Es escandaloso que yo conserve fotos y ticket de un juego que ya no poseo, pero SEGA no haya sabido mantener a salvo el código fuente, la pieza clave para portar -sin demasiado esfuerzo- cualquier juego a otro sistema, o hacer un remake moderno en HD. ¿Cómo recordaremos en el futuro ésta y otras obras por las que se piden auténticas fortunas? ¿y qué pasará cuando nuestras Saturns y otras consolas dejen de funcionar? Emulación y copias de los originales, así de fácil, hay que dejar el sentimentalismo a un lado. ¿Y esas máquinas de los salones recreativos que acabaron en desguaces cuando estos echaron el cierre? Otra vez, emulación.

¿Habrán empezado ya a darse cuenta las grandes compañías de la importancia de su obra, del valor cultural e histórico, y de lo importante que sería poder acceder a ese catálogo fácilmente? (Nota: no confundir fácil con gratis) Creo que lo saben, no quiero decir que lo estén haciendo bien, pero saben que su pasado importa.

La intención de Sony con PlayStation 3 fue la de llevar a su tienda digital todos los títulos posibles de la primera PlayStation, un gran esfuerzo por confeccionar un buen catálogo clásico que aún así es insuficiente y queda arruinado por el mayor de los absurdos imaginables: a diferencia de PSP, PS3 y Vita, la actual PlayStation 4 no es compatible con los juegos de PlayStation. Esta situación se traduce en 60 millones de PS4 incompatibles con un montón de juegos que fueron amortizados hace muchos años y serían beneficio puro, un tesoro que espera ser desenterrado y merece ser descubierto por los niños y adolescentes de hoy. Sony se defiende de la incompatibilidad de juegos antiguos en PS4 con una excusa que sólo un líder que empieza a acomodarse puede dar, de lo contrario intentarían solucionarlo. Según ellos es una de las funciones que menos interesa a la mayoría de sus usuarios, veremos si en el futuro cambia de idea, seguro que sí.

Y de aquí pasamos a Nintendo y su Consola Virtual, que es como ellos llaman a los juegos clásicos de viejos sistemas para sus consolas modernas. Pero antes, vamos a ver esto:


Super Nintendo mini, una preciosa réplica en miniatura cargada con 20 juegos de los años 90, más el inédito Starwing 2. Es toda una celebración del pasado, un producto muy especial, pensado para satisfacer al usuario nostálgico que vivió aquellos días dorados, ser el nuevo capricho de coleccionistas (no pasa nada, ya lo he dicho antes, cada uno invierte en lo que quiere) y, por descontado, el cacharro más deseado entre especuladores, a un precio de 80 euros que pronto se triplicará o cuadriplicará. Porque Nintendo así lo desea, ése es y será todo su público: ningún niño soñará con la Super Nintendo Mini como nosotros hicimos con la original en 1992, porque nadie en la compañía se ha tomado la molestia de explicarle al mundo moderno lo que es una Super Nintendo, lo que su lanzamiento supuso, cómo marcó a una generación, por qué fue la 16 Bits más vendida y su influencia hasta hoy.

No vale con etiquetas como "consola atemporal" y frases como "títulos que marcaron a una generación", sin la información y el contexto adecuado no son más que eslóganes vacíos para quien no estuvo ahí. Ni siquiera en la página web de Nintendo hacen el esfuerzo de trasladarnos a aquella época, los juegos de Super Nintendo mini no muestran descripción y afirman que Donkey Kong Country es uno de sus mejores juegos multijugador, ¿disculpen? Sí, es uno de los más grandes (nuestro vídeo), pero por otras razones. Ojalá me equivoque, pero nada en el vídeo de presentación de Super Nintendo mini conseguirá que un niño con 3DS, Wii U o Switch corra emocionado a la eShop en busca de A Link to the Past, Super Metroid, Yoshi's Island, Super Contra y Mega Man, juegazos como la copa de un pino que no deberían ser parcela exclusiva del veterano de la compañía, el tipo como yo de 30 ó 40 años que no evalúa a un videojuego por su antigüedad.

Todos esos juegos son igual de buenos que hace veintitantos años, igual de buenos que los títulos actuales que imitan su esencia a la desesperada. Las novedades de Super Nintendo costaban unas 12.000 pesetas, la friolera de 72 euros, ahorrábamos varios meses para comprar un juego. Ahora, una joven generación de jugadores dispone de un puñado de clásicos rebosantes de calidad por 8 euros, diez veces más baratos, y no les hacen ni caso. Preservar videojuegos ha de ser algo más que recopilarlos en una PSN o eSHOP a precios reducidos, mucho más. Es sin duda un primer paso, pero ahora hay que saber captar la atención de esas nuevas generaciones. Queda mucho por hacer, y si no surge por la vía del amor hacia su propio trabajo (*), ocurrirá cuando se den cuenta que muchos de nosotros ya hemos dejado de comprar el mismo juego una y otra vez en distintos formatos. En mi caso, ese Super Metroid de la eShop y ese SOTN de PSN se quedan donde están, para eso tengo mi Super Nintendo y mi PlayStation, pero hay un montón de niños a los que nadie les ha contado por qué esos juegos son de lo más increíble que jugarán. No podemos seguir diciéndoles que son lo mejor que le ha ocurrido a esta industria, debemos explicarles por qué.

Llevaba unos días pensando en comprar Sonic Mania y no sabía qué versión elegir. Qué demonios, ¿por qué he de elegir una? Quiero jugar en una tele enorme cuando esté tranquilo en casa, pero también quiero poder echar una partida desde el ordenador en el que escribo o hacerlo cómodamente desde la cama... En serio, no deberíamos tener que elegir, deberíamos pagar a SEGA y jugar en cualquier sistema que tengamos disponible en ese momento. Al final acabaré jugando en PC, una plataforma en la que no siento que tire el dinero, al fin y al cabo mi siguiente ordenador (ya sea por avería del actual o renovación) será compatible con lo que ya he comprado, y si no es así, alguien más astuto que yo encontrará la manera de hacerlo.

* Secuelas y remakes de calidad que respeten y representen la obra original con dignidad, no aseguran el completo despertar del jugador moderno, pero sí serían un perfecto hilo conductor que le dé sentido al pasado que no conocieron. Me encantaría ver a niños que después de jugar a Sonic Manía, se adentren por voluntad propia en Sonic 1, 2 y 3, Knuckles y CD, que quieran saber más, mucho más, todo lo habido y por haber sobre Metroid al vivir las nuevas aventuras de Samus en 3DS, retrocediendo más allá de GameCube y Super Nintendo, hasta la mismísima NES y Game Boy. Puede ocurrir, espero que sí.

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Actualizo para añadir que no hablo de SEGA Forever porque no uso Smartphones.

Segunda actualización: justo el mismo día que publico esta opinión, encuentro varios clásicos de Mega Drive en la eShop de 3DS a 2,24 euros, precios más que justos para títulos como Gunstar Héroes, Out Run, Super Hang-On, Shinobi 3, Streets of Rage y algunos más.

Editado por última vez el 25 de agosto 2017

Publicado el 24 de agosto de 2017