El valor que internet merece


Terminé el artículo anterior dirigiendo mis pasos hacia un lugar distinto, pasé de un tema trivial como las altas puntuaciones en la prensa española, a un asunto que considero importante.

Desde que me conecté por primera vez a Internet con mi maravillosa Dreamcast y su módem a 33.600 kilobaudios (más lento que en otros países porque los del territorio PAL siempre éramos los pringados), fui bendecido por una fuente inagotable de conocimiento que me cambió a mejor, me despertó de mi letargo. El archivo del saber humano al que me dio acceso abarcaba prácticamente cualquier materia posible, en seguida reactivó mi capacidad innata por aprender (sedada gracias a un sistema educativo inadecuado que en mí no terminaba de funcionar) y llegué a ser una de esas personas que no se acuestan sin aprender algo nuevo.
Debido a la importancia que le doy a la igualdad de oportunidades, a ese derecho fundamental al desarrollo personal a través -en este caso- del aprendizaje, para mí internet no es un invento cualquiera, es una herramienta que bien usada puede proporcionarnos una enorme riqueza. Estaba pensando en poner algunos ejemplos cuando me he dado cuenta de que nuestra impresora 3D suena de fondo: una máquina construida gracias al ingenio y entusiasmo de unos pocos humanos, compartiendo sus hallazgos con otros, que a su vez lo comparten con otros tantos perfeccionando juntos la idea original. Comunicación y conocimiento al alcance de cualquiera sin distinciones, de eso va ese invento de internet, y me emociono, en serio que me emociono.

Se supone que vivimos en la era de la información, pero es salir de mi círculo y me siento confundido por la desinformación, siempre huyendo sin descanso del entretenimiento pueril, de toda esa gente que perturba mi bienestar al despreciar los valores que aprendí de niño, porque al parecer, ahora la libertad de expresión consiste en decir o hacer la mayor chifladura sin pensar en nadie más. Ha llegado un punto en la vida, que a mí ya no me sirve con distanciarme de la locura, mi espíritu me empuja a hacer algo más que apartarme unos pasos, a ir mucho más allá de esa línea divisoria sobre la que se apretujan las buenas personas, esos observadores incansables de lo absurdo, expertos en mirar hacia otro lado para no entrometerse demasiado.

Como habitante de este mundo, alguien corriente con virtudes y defectos, y de opinión cambiante por las muchas veces que debo rectificar, tengo tres grandes responsabilidades que acepto con mucho gusto. La primera de ellas es cuidar a mis seres queridos. La segunda es ayudar en la medida de lo posible a quienes me rodean. Y la tercera, que podría parecer una tarea injusta por la cantidad de factores que nuestra condición humana nos impide controlar, es no tomar decisiones que pudieran perjudicar a los más distantes, a quienes no veo ni conozco.

No puedo pelearme con el mundo (tampoco quiero), los necios no van a escuchar y lo que pretendo es apaciguar conflictos, no crear más. Pero sí puedo colaborar preservando aquello en lo que creo, como por ejemplo procurar mantener ese lado constructivo e instructivo que me cautivó al descubrir internet, por lo que habrá cosas que no me permitiré hacer (nunca he perseguido visitas, likes, etc., así que no pasa nada) y otras nuevas que empezaré a poner en práctica. Entre las cosas que evitaré está la duplicación de contenido, mi objetivo es aportar lo poco que pueda generando la menor basura virtual posible. Mi pareja me regaló una fabulosa PlayStation 4 hace unos meses, tengo acceso a un montón de juegos modernos pero, ¿para qué voy a dedicarles reseñas y vídeos contando lo mismo que los demás?

A eso me refiero con duplicar contenido, aún pudiendo hacerlo no voy a malgastar el tiempo de nadie analizando Metal Gear Solid 15 y GTA 16 sin una visión alternativa, discordante. Prefiero dedicar ese tiempo (y un extra de esfuerzo) en preparar un documento como el de Digital Pictures; lo verán cuatro gatos pero es historia de los videojuegos. Tampoco hace falta retroceder varias décadas para hallar material adecuado, en la actualidad muchos videojuegos independientes y no tan independientes (algunos llevan esta etiqueta sin merecerla) encajan perfectamente en LV-481. ¿Conocéis la obra de Housemarque? Dije de ellos en un análisis de 2007 que recordarais su nombre. Diez años después convierten en oro todo lo que tocan, sus juegos son material del bueno para el canal.

Pues ya está, no voy a subir cómo modifiqué una Dreamcast añadiendo salida VGA, miles de personas lo hicieron antes, ahí están sus vídeos y su información. Pero sí os voy a seguir hablando de esos juegos (modernos o no) a los que habría que hacerles más caso aunque no ocupen portadas, seguiré preparando (lentamente) mis especiales sobre compañías olvidadas y os iré enseñando los inventos que Gina y yo hacemos. Cómo hemos diseñado en Blender nuestra propia espada Lionheart de Final Fantasy VIII, y cómo la hemos preparado para imprimir en 3d con nuestra máquina de construcción casera, sí sería un tema muy propicio del que aprender cosas nuevas.

Mi deseo es participar en una red más limpia, inteligente y fascinante para todos.

Publicado el 15 de julio de 2017