Saturn Bomberman (Sega Saturn)


Ser usuario de Saturn no era tarea fácil, sus cualidades siempre estuvieron en entredicho, pero nunca nos faltó a qué jugar. Esta versión exclusiva de Bomberman nos dio muchas alegrías en casa, su multijugador era el más loco nunca antes visto y, por primera vez, el elaborado modo para un jugador me hizo olvidar los aburridos tableros estáticos, las partidas en solitario también merecían la pena. Tan bueno es, que nunca me gustó Bomberman hasta que conocí Saturn Bomberman (y porque fui un bobo que se saltó un montón de buenas entregas...)



Bomberman fue un personaje muy popular dos décadas atrás, pero ninguno de sus juegos me llamaba la atención. Guiándome por la buena crítica en la prensa de los 90, probé dos veces Super Bomberman hasta que me prometí no derrochar más dinero en alquileres tontos. Con unos diez años, empecé a darme cuenta que las valoraciones de SuperJuegos y Hobby Consolas podían diferir de las mías. No había nada malo en aquel cartucho de Super Nintendo, llegué a comprender que jugado en compañía la experiencia mejoraba, pero mi veredicto ya era definitivo: no me gustaba Bomberman y no había que darle más vueltas. Uf, odiaba lo de morir acorralado. Y odiaba mucho más lo de morir acorralado por tu propia bomba…

Los tiempos cambian, las personas cambian (si uno lo desea, a mejor) y las opiniones también. Con la llegada de Saturn y PlayStation volvieron casi todos los clásicos de siempre, tal cual se hace hoy, ni más ni menos, aunque entonces el ardor por tanto refrito sólo lo padecían los más veteranos, los niños ni nos dábamos cuenta. Entre esos clásicos que aterrizaron en las nuevas plataformas, Bomberman logró lo impensable. En esta versión de 1996 (exclusiva de Saturn) descubrí un título sensacional que había cambiado lo suficiente para que yo también pudiera cambiar con él. Y todo gracias a la copia que le tocó a mi primo Moisés en el concurso de Hobby Consolas. Es ésta misma (imagen inicial), la heredé hace un par de años. ¡Gracias, tío!

Lo que hace especial a Saturn Bomberman, le define y diferencia del Super Bomberman que conocí (después os cuento más), es la sustitución de las viejas pantallas estáticas por escenarios llenos de detalle, elementos animados y gran colorido, en un modo para un jugador que ya no consiste en abrirse paso por un aburrido tablero en forma de cuadrícula. Lo que antes fue una batalla campal muy enfocada al multijugador, se transforma en una verdadera campaña con los alicientes necesarios para quien juega en solitario, recorriendo muy diferentes niveles divididos en varios mundos. ¿Y qué pasa al final de cada mundo? Claro que sí, enfrentamiento con un gran jefe final. No le falta nada, es perfecto.



Pero para ser justo, también hay que tener en cuenta que entre Super Bomberman (1993) y Saturn Bomberman (1997 en Europa) hubo una segunda, tercera y cuarta entrega, más otro cartucho de Mega Drive, que ya implementaban prácticamente todo lo que me encandiló en Saturn. Todos esos cartuchos los ignoré igual que hoy no presto atención a los juegos on-line. No tengo tiempo para reunirme a jugar a una hora determinada, ni puedo depender de una conexión, prefiero sumergirme en el modo para un jugador y jugar a mi ritmo. Como si de un juego on-line se tratara, consideré erróneamente que las secuelas de Super Bomberman no eran para mí, pues ya entonces acostumbraba a jugar solo.

Hasta Saturn Bomberman no supe disfrutar con esta saga, la intensa lucha por dejar encerrado al enemigo en un pasillo sin salida, combinando la detonación estratégica en cadena de varias bombas. Todos los elementos que hacen tan grata la experiencia single player (progresión por varios mundos, diferentes escenarios, enemigos y jefes…), se pueden compartir con un amigo en un perfecto modo cooperativo en una sola consola y pantalla. Saturn Bomberman no solamente mejoraba (respecto al primer Super Bomberman) esa vertiente más solitaria con un modo de juego perfectamente válido, tampoco se olvidaba de sus raíces, del multijugador que tan popular le hizo. Este añadido aporta mucha diversión y hace aún más redonda esta entrega.

Si hablamos de multijugador puro y duro al estilo clásico también lo tiene, y en esta ocasión es absolutamente demencial. Hasta 10 jugadores humanos o controlados por la CPU se dan cita en una batalla en la que sólo puede quedar uno. Has leído bien, pueden enfrentarse hasta 10 personajes al mismo tiempo, una cifra apabullante y desconcertante que llega a aturdir en las primeras partidas. Es todo muy loco, puedes morir antes de haber localizado a tu personaje en la pantalla. Es la batalla final, la batalla definitiva.

Existe algún otro modo más para un jugador, pero eso dejo que lo descubráis vosotros, no me quiero alargar demasiado. Ninguna de las siguientes entregas de Bomberman me ha vuelto a gustar tanto como ésta, pero me sirvió para adentrarme más en las anteriores, todas las que me salté ignorando sus cualidades. Por su jugabilidad, sonido, gráficos a la altura de Saturn y contenido suficiente para uno o más jugadores, lo considero un juego perfecto desde el mismo día que mi primo me lo enseñó.



En España, la revista Super Juegos lo puntuó con un merecido 92. El único inconveniente vino con un poco de ironía, destacaron el gasto extra en multitaps y mandos. Fue valorado como el mejor -y no es para menos- Bomberman de la historia, recomendando su compra sin importar si ya poseías algún juego anterior. En Hobby Consolas (ver recorte superior), aunque no dejaron de insistir sobre la sencillez y simplicidad de todos sus apartados, y se refirieron a sus gráficos como simples trazos coloreados de aire infantil, terminaron dándole otra gran puntuación de 90 sobre 100, y lo reconocieron como un prodigio jugable, tal vez el título más adictivo de la historia.

Bien, ¿a qué esperáis para probarlo?

(NOTA para Moisés: No estaba planeado, por casualidad he escrito esto el día de tu cumpleaños. ¡Felicidades!)

Publicado el 10 de diciembre de 2016