Die Hard Arcade (Sega Saturn)


En la generación de los 32 Bits comenzó la sequía dentro del género de los beat ‘em up. Algo incomprensible, pues estas consolas estaban preparadas para un 2D aún más elaborado y nuevas posibilidades por explotar gracias a los gráficos 3D. ¿Qué pasó? Este Die Hard Arcade es, de entre lo poco que hubo para elegir, el mejor (para mí). Se desarrolló conjuntamente en Titan y Saturn, por lo que la versión casera es un calco del arcade.

Me lo compré siendo un niño, conocía de antemano la recreativa y pensé que el de Saturn también sería una pasada. Así que ni me lo pensé, solté mis 8.990 pesetas y me fui corriendo a casa. En poco más de media hora lo había completado, y esa espinita la llevé clavada varias semanas. Me costó superar que mis 8.990 pesetas habían desaparecido y que el juego que había comprado no duró ni una tarde. A ciertas edades cuesta conseguir dinero para esta clase de caprichos, y cuando compras un juego, esperas que ese juego sea el mejor del mundo. Y si ese juego solamente dura un ratito, la decepción es evidente.


Dadas las posibilidades de Die Hard Arcade, porque esto es más que un beat ‘em up, por la cantidad de movimientos disponibles es el Virtua Fighter de los beat ‘em up, con el tiempo fui descubriendo todo su potencial. Por supuesto, el modo de dos jugadores me ayudó a olvidar la decepción inicial de su corta duración. Acabé enamorado, Die Hard Arcade era la estrella de mi colección cuando venían amigos a casa. Y hoy en día, con la nueva perspectiva que te da la edad, y en especial la falta de tiempo, saber que en menos de media hora lo podemos acabar, nos invita a volverlo a jugar una y otra vez.

La versión recreativa de Die Hard Arcade estuvo disponible antes que la de Saturn, pero el desarrollo de ambas versiones fue simultáneo. Los salones recreativos todavía funcionaban muy bien, por lo que primero lanzaron el juego en recreativa y dejaron la versión de Saturn guardada para más adelante. Ambas versiones son prácticamente un calco, pues la placa de recreativa en la que se lanzó primero, llamada Titan, estaba completamente basada en el hardware de Saturn. La mayor diferencia era la tasa de imágenes por segundo: 30 en la versión Saturn frente a los 60 de la versión Titan. Y los tiempos de carga, claro.


Dynamite Deka es el nombre que recibió este juego de SEGA en Japón. Juego inspirado por películas como Die Hard, o Jungla de Cristal para los españoles. Bastaba con echar un vistazo rápido a Bruno Delinger (protagonista de Dynamite Deka), para comprobar que su parecido con Bruce Willis (actor principal de Die Hard) no era casualidad. SEGA llegó a un acuerdo con FOX, propietaria de los derechos de la película, para poder editar Dynamite Deka en el resto del mundo con el nombre de Die Hard Arcade. El argumento no sigue el guión de la película, sólo se mantiene la idea principal: un grupo de terroristas ha tomado el control de un rascacielos en una importante ciudad estadounidense. Tienen a 30 rehenes, entre ellos está la hija del presidente.

Aclarado este tema y el motivo de su título en occidente, lo que tenemos entre manos es, y perdonad que me tome tanta libertad, el sucesor espiritual de Streets of Rage. El rumbo lógico que los beat ‘em up debieron tomar en aquellos años, cuando llegaban y casi se imponían en nuestros hogares los juegos poligonales. Es decir, la jugabilidad clásica que tanto nos gustaba y los gráficos tridimensionales que hacían flipar al personal. Tristemente, nadie salvo SEGA, supo dar con la tecla adecuada para llevar a cabo esta, a priori, sencilla fórmula. Die Hard Arcade es el máximo exponente del género en 32 bits.


Su desarrollo es el de los clásicos: avanzar de habitación en habitación, repartiendo hostias como panes hasta acabar con todos los enemigos. Pero, en esta ocasión, no hay una flecha en pantalla que nos invite a proceder hacia la siguiente zona. El paso de una estancia a otra es automático, y está enlazado por unas secuencias bastante peliculeras y cómicas, en las que se nos pedirá pulsar el botón correcto a modo de Quick Time Event. Si acertamos, derribaremos al enemigo de un único golpe. Si fallamos, nos daremos de bruces contra el suelo y tendremos que combatir.

Bien, ya ha quedado claro que es un título muy tradicional, ¿qué es lo que aporta? Una cantidad de movimientos, patadas, puñetazos, lanzamientos y llaves, que parecen inagotables. Incluso puedes, si vas equipado con una pistola, eludir el combate y arrestar a los enemigos con unas esposas. El repertorio total asciende a nada menos que unos 50 movimientos. Todo ello con sólo tres botones de acción y una facilidad pasmosa para realizar virguerías inimaginables que parecen, en serio, sacadas de Virtua Fighter 2. Lo nunca visto en el género.


Un buen uso de las capacidades técnicas y peculiaridades de Saturn, dotaron a Die Hard Arcade de un estilo muy personal. Los escenarios no son especialmente detallados pero se muestran bastante sólidos y realmente nítidos, con muchas superficies muy poco o nada pixeladas, y en muchas ocasiones los bailes de polígonos están reducidos al mínimo. El único punto negativo en el apartado gráfico, por mentar alguno, es la tosquedad de todos los modelos poligonales de los personajes del juego. Por su parte, la cámara siempre se ajusta siguiendo la acción, abriendo o cerrando el plano según sea necesario.

En cuanto a modos de juego no es que andemos escasos, directamente no los tiene, carencia total. Por no tener, no tiene ni opción para cambiar el nivel de dificultad. De hecho, existe un modo de juego más difícil al que se accede mediante un truco. Pero por defecto, la dificultad es la que es. El único extra destacable es la inclusión de Deep Scan, un arcade de SEGA del año 79 (yo ni había nacido), que nos permite obtener créditos extra. Por favor, que no se os ocurra hincharos a conseguir créditos porque la duración de Die Hard Arcade es ínfima, unos 20-25 minutos, sin exagerar.


La tecnología de la época trajo consigo cosas muy buenas y otras que no lo son tanto. Un pequeño handicap en su desarrollo, debido a cómo está estructurado, son los tiempos de carga entre cada segmento, habitación y secuencia; muy leves pero frecuentes. Le restan dinamismo, estropean un poco la conexión entre zonas, la ilusión de ver cada nivel como un todo y no en pequeños fragmentos. En las primeras partidas, al recordar el desarrollo sin pausas de los beat ‘em up antiguos, esto se hace bastante evidente. Más adelante, te adaptas y acabas olvidándolo.

En definitiva, sólo dos defectos: tiempos de carga a los que te acostumbras (tampoco son pausas exageradas) y duración terriblemente escasa. El resto del juego es un no parar de diversión, y aunque corto, siempre apetece volver a completarlo. Tremendo, repleto de posibilidades, perteneciente a un género que lo tenía todo para triunfar con la llegada de Saturn y PlayStation. Pero no fue así, solamente Die Hard Arcade, que debería haber sido un ejemplo a seguir, brilló de verdad.

Publicado el 1 de octubre de 2014